Esta semana, en lo que a meteorología se refiere, ha sido impresionante. Varios días seguidos de cielos despejados, altas temperaturas (en ocasiones hemos llegado a los 28º centígrados) y para la navegación, preponderancia de vientos del NE entre los 10 y los 25 nudos.
He aprovechado el buen tiempo para hacer algunas operaciones de mantenimiento a mi barco. El miércoles subí el barco al astillero de ribera para carenar, limpiar los bajos de caracolillo y verdín y aplicar pintura anti fouling. Entregué el barco en la pleamar del miércoles a las 15:00 y lo recogí al día siguiente. La distancia entre mi puerto y el astillero es de unas 7-8 millas que ambos días hice con fuerte viento del NE F5 y rachas de F6. Disfruté mucho esas dos singladuras, la de subida en popa y el descenso en una ceñida "a rabiar".
Además he rehecho la instalación de las líneas de vida, he sustituído dos cornamusas de cubierta que estaban deterioradas, he reparado algunos golpes en el casco que después he pintado y por fín, después de la visita al astillero, he limpiado toda la cubierta.
El viernes por la mañana, antes de ir a trabajar, he visitado mi barco, así amanecía en la Marina de Pedreña.
Además he rehecho la instalación de las líneas de vida, he sustituído dos cornamusas de cubierta que estaban deterioradas, he reparado algunos golpes en el casco que después he pintado y por fín, después de la visita al astillero, he limpiado toda la cubierta.
El viernes por la mañana, antes de ir a trabajar, he visitado mi barco, así amanecía en la Marina de Pedreña.
Y así amanecía mi bahía, la bahía de Santander, con una calma y una belleza enorme. Tanta tranquilidad a primera hora hacía imposible imaginar el viento que soplaría algunas pocas horas más tarde.